El arte de la seducción, al igual que el de la guerra, conoce principios, tales como la libertad de acción o la economía de los recursos, pero no reglas fijas. Ni siquiera a los terrenos, realidades no obstante objetivas, se les puede atribuir efectos sistemáticamente positivos o negativos. Independientemente de las otras circunstancias, susceptibles, a la vez, de evolucionar. Implicarse o aventurarse uno mismo en un terreno mortal aparentemente sin salida, provoca el surgimiento de la determinación e de la creatividad mas extremas!
El autor del Gorin-no-sho, Miyamoto Musashi, que había librado sesenta combates a muerte antes de retirarse, se presentó al más crítico de ellos, armado con un simple sable de ejercicios de madera (boken), y fortalecido con esta debilidad escogida deliberadamente, salió vencedor contra un adversario a la cima de su destreza. Cuando se le preguntó sobre la elección de esta opción cuanto menos sorprendente, respondió que se había negado a confiar en el hierro de su katana para no debilitarse, y que había extraído del fondo de si mismo el procedimiento ji (extraordinario) para vencer. La madera en lugar del hierro hizo perder el temple al adversario, quien, sintiéndose profundamente ofendido, se lanzó irreflexivamente al combate para castigar la ofensa y… se hizo partir la frente!
Lo menos creó lo más, pero de convertir eso en regla, desaparecería la ventana de la sorpresa. Cuanto más depositamos confianza en artificios o intermediarios, mas dependientes de ellos nos volvemos. Cuando las “armas” de la seducción se transforman de medios en finalidades, estos artificios vampirizan la confianza para el exclusivo provecho de los vendedores de promesas vainas. A pesar de sus apariencias positivas y reconfortantes, estos artefactos garantizan más la debilidad que la potencia, por la alienación de los que dependen de ellos.
(...) Cuanto menos evidente sea una situación para alcanzar su objetivo, mas ventaja sacara el seductor de su capacidad para volverse liso, pulido y opaco como un mueble laqueado sobre el cual la sombra y la luz se mesclan hasta confundirse. Sustrayéndose de todo “eco radar”, se introduce en cualquier situación, sin que se note, de ser necesario, y capta los corrientes favorables.
Proviene de “Sun Tzu. Estrategia y seduccion”, Pierre Fayard, Ed. Claridad, Buenos Aires, 2011.




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